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Casa ecológica y además… ¡barata!

Laura Plitt

Con las botellas y otros materiales en desuso que en muchos lugares terminan en la basura a falta de un sistema apropiado de reciclaje, Ingrid construye viviendas ecológicas para familias de bajos recursos.

Ya son seis las casas que esta arquitecta autodidacta (su verdadera formación es como abogada) levantó en su país, en la localidad de Warnes, en Santa Cruz de la Sierra. Ahora después de visitar Uruguay, donde ofreció una charla sobre su método de trabajo se encuentra en Argentina levantando la primera casa de botellas en la ciudad de Roldán, en la provincia de Santa Fe.

Ingrid viajará en mayo a Haití, invitada por la Organización de Estados Americanos (OEA), para participar en los esfuerzos de reconstrucción del país, que quedó devastado tras el terremoto del 12 de enero.

El sueño de Claudia

El proyecto empezó casi por casualidad. Ingrid guardaba botellas en el patio de su casa para una señora muy humilde que pasaba todas las semanas a recogerlas. Un día, la señora se enfermó y las botellas, desperdigadas por todas partes, despertaron la ira de su marido.

“’Bota esas botellas’, me dijo, ‘tienes suficiente como para hacer una casa’. Y así fue como se me ocurrió cumplir el sueño de Claudia, una niña pequeña que poco antes me había pedido como deseo para Navidad un cuarto para ella, que vivía en una habitación de cuatro por cuatro con toda su familia”, le dijo Ingrid a BBC Mundo.

“Antes ya había hechos artesanías con botellas, sillas, sillones, pero nunca una casa”.

Para hacer una vivienda de 170 metros cuadrados se necesitan alrededor de 36.000 envases. “De las botellas de dos litros, necesito 81 para hacer un metro cuadrado”, explicó Ingrid.

Cada botella se rellena con material descartable: papel, bolsas plásticas, pilas, arena y tierra. Una vez rellenas (cada botella pesa 3,6 kilos), se las emplea para construir los muros. Se las une con cal, cemento y se las sujeta con una suerte de trenzado.

El revoque es otro ejemplo de reciclaje. “Yo uso una mezcla de leche en polvo vencida, heces de caballo, aceite de linaza, sangre de ganado, melaza de la caña… en fin, lo que haya”, dice Ingrid. “Para hacer el piso”, agrega, “utilizo llantas picadas”.

Fiesta

Con la ayuda de la comunidad, a la que Ingrid le enseña la técnica de construcción, una casa se levanta cuando las botellas están llenas en 15 días.

Y a pesar de que el trabajo es duro, el ambiente se parece más al de una fiesta: todos los vecinos, incluso los niños, participan en la obra. Los curiosos que se acercan a mirar, pueden comprar comida casera que preparan los lugareños para la ocasión y artesanías hechas con botellas plásticas y otros productos desechables que Ingrid les enseñó a hacer para que aquellos que carecen de recursos puedan ganar un poco de dinero.

Por eso Ingrid pone énfasis en los dos aspectos que caracterizan su trabajo: es un proyecto ecológico porque saca de circulación materiales que de otro modo contaminarían el planeta y enseña a cuidar el medio ambiente, pero es también un proyecto social porque ofrece una vivienda digna a los más pobres y fomenta la solidaridad y los lazos dentro de la comunidad.

Aquellos que estén interesados en saber más o contribuir con el proyecto Ecocasas Sociales de Botellas pueden enviar un correo a ingridvacadiez@hotmail.com o visitar la página www.casasdebotellas.com

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